18 febrero 2012

La ciencia del beso, hombres y mujeres no besan igual

Mientras ellos lo ocupan para motivar el sexo, ellas lo usan para evaluar a una potencial pareja. De cualquier forma, la serie de reacciones que provoca en el cuerpo, permite que el ósculo se transforme en un hecho aún más memorable que la primera relación sexual.

Son los momentos cúlmine de teleseries, películas y cuentos. Un beso no es simplemente un beso, como dice la clásica canción de Louis Armstrong. El también conocido ósculo es más que solo un contacto de labios, ya que hombres y mujeres lo utilizan de distinta manera para seleccionar sus amores e incluso, estudios aseguran que la mayor parte de las personas recuerdan la primera vez que besaron a alguien con más detalles que cuando perdieron su virginidad.

“Los hombres suelen besar como una manera de obtener favores sexuales, o para afectar la reconciliación (...) Las mujeres besan más como un mecanismo para evaluar parejas”, aseguró la escritora científica Sheril Kirshenbaum, citando una de las varias investigaciones que formaron parte de su comentado libro “The science of kissing: What our lips are telling us”, que publicó el año pasado y que dejó a cientos de personas asombradas con los secretos que se esconden tras un beso.

Allí no solo comentó que la costumbre de besar se remonta, según varios científicos, al comportamiento de algunos animales cuando la madre mastica y regurgita la comida para dársela a sus crías -que puede sonar bastante matapasiones comparándolo con el beso, pero que no deja de ser un instintivo acto de amor-, sino que además explicó que el beso ha evolucionado a lo largo de los siglos para cumplir tres requisitos básicos del desarrollo humano: el impulso sexual, el amor romántico y el apego.

En cuanto a por qué este acto parece servir de distinta manera para hombres y mujeres, citó al biólogo Claus Wedekind quien descubrió que ellas suelen sentirse atraídas por hombres que tienen un conjunto de genes diferentes. “(Esto) puede hacer que los hijos tengan un mayor nivel de diversidad genética, lo que los hacen más saludables y propensos a sobrevivir”, comentó la escritora en un artículo publicado en el sitio web de la Universidad de Texas.

De esta manera, ellas podrían, a través del olfato, recoger información acerca del ADN o estado de reproducción de una potencial pareja, gracias a la cercanía y compenetración que otorga el beso. Esto transformaría al ósculo, como dice Kirshenbaum, en nada menos que una “prueba de fuego de la naturaleza”.

En cuanto a ellos, la escritora recordó los estudios del psicólogo Gordon Gallup de la University of Albany, que indicaron que los hombres son más propensos a iniciar el contacto con la lengua al momento de dar un beso. Y esto se podría deber, según algunas teorías, a que en su saliva tiene pequeñas cantidades de testosterona. Y de esta manera, elevaría la libido en la mujer.

Por su parte, ella no deja de “evaluar” al otro a través de los besos, aún pasado un tiempo de relación de pareja. De hecho, el que las mujeres suelan besar antes, durante y después del acto sexual es visto por Gallup como un mecanismo de probar el compromiso amoroso.

La fórmula exacta del amor
“(El beso) actúa como una droga, estimulando los químicos naturales de nuestros cuerpos. Cuando hay una real ‘química’ entre dos personas, el beso indicado puede provocar la magia del romance verdadero, activando un cóctel de hormonas y neurotransmisores que recorren nuestros cerebros y cuerpos”, comentó Kirshenbaum en Design Mind Magazine.

Besar apasionadamente dilata los vasos sanguíneos, sonroja las mejillas, acelera el pulso y hace que la respiración se haga más profunda, aunque irregular, mientras el cerebro obtiene más oxígeno que el de costumbre.

Hasta las pupilas se dilatan, y es por eso que algunos afirman que se hace necesario cerrar los ojos.

Otros, como el investigador Alfred Kinsey, aseguran que un beso bien dado y prolongado puede incluso provocar un orgasmo en algunas mujeres. Y eso se puede deber a las múltiples terminaciones nerviosas que se encuentran en los labios y a que éstos se asocian a una parte “desproporcionadamente grande” del cerebro. “Nuestros labios son la zona erógena más expuesta de nuestro cuerpo”, comentó Kirshenbaum.

Emol

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