14 marzo 2012

El amor y la edad

En los últimos tiempos, la diferencia de edad ha dejado de ser un impedimento para el romance, y cada vez más vemos parejas que no coinciden cronológicamente, pero sí emocionalmente.
Este fenómeno se inició en los ya lejanos años 70, después de la llamada Revolución Sexual, y después de que el adulto joven decidiera romper con tabúes y prejuicios y poner sus propias reglas para vivir un poco más tranquilo. La consigna era la libertad.


Así, se empezó a romper la frontera generacional en relaciones amorosas, que indicaba que no podía haber ningún interés romántico si había una diferencia mayor a 8 años, especialmente si la mujer era la mayor.

Esto ya no se cumple, y aunque el tabú no ha dejado de ejercer presión en una sociedad que busca cada vez más sus propios designios y no se deja manipular por "cómo deben ser las cosas", las parejas dispares en este sentido son cada vez más comunes y por lo tanto menos cuestionadas.

 Pero qué hay detrás de una relación de este tipo. Muchos expertos aseguran que la compenetración se facilita debido a que se ofrecen elementos que el otro adolece, por un lado la experiencia, y por otro la juventud. De esta forma, lo que ocurre es una especie de complementariedad que fortalece la relación, pues las partes siempre enfrentarán una visión de mundo diferente, y la monotonía no será un problema.

Por otro lado, cuándo una pareja se encuentra en esta circunstancia, es innegable que hay una relación de poder ejercida por el mayor (claro está). A este tipo de relación se le conoce como edípica o de Electra. La edípica o de Edipo se refiere a la relación con la madre, así sería una relación de un hombre joven con una mujer madura, y la de Electra sería al contrario.

En este caso, podría generarse -según los psicólogos- una confusión entre el amor con un sentimiento de dependencia o de protección, lo cuál a veces tiene un aire prohibido, esto debido a que hay inconscientemente una sensación de estar con la madre o con el padre o sea que se estaría traspasando la Gran Prohibición Cultural: el Incesto.

Esta sensación de estar transgrediendo un límite, muchas veces le da ese grano de pasión a la relación que la hace retroalimentarse y crecer cada vez más, pero también puede volverse peligroso y no ser una relación sana, pues la autoestima y la independencia de una persona pueden verse afectadas por esto.

Sin embargo, independientemente de las teorías, en la práctica cada vez se ven más parejas que rompen con la frontera generacional, y así como muchas fracasan (por no tener la valentía para enfrentar su sociedad represora o incluso por no encontrar en la otra persona elementos para compartir por estar experimentando momentos diferentes de madurez), muchas otras veces se estabilizan y se notan verdaderamente felices.

Tal vez esto nos indique que ya es momento de superar totalmente el tabú, y de saber que para el amor no valen las etiquetas que acostumbramos imponer socialmente, ni tampoco valen los tabúes o los límites, pues cuando hay amor, respeto y comunicación la relación funciona independientemente de la edad, del sexo, de la etnia o nacionalidad, o de la religión. Para un profundo sentimiento simplemente no hay fronteras ni prohibiciones.


Fuente solonosotras.com

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